Un informe realizado por la consultora McKinsey augura que el 50% de la población mundial padecerá obesidad en el año 2030. Desde esta entidad consideran que para frenar este problema es necesario crear estrategias que estimulen la práctica de ejercicio físico regular y el control sobre la alimentación. Munideporte.com le ofrece el documento.

Por primera vez en la historia de la humanidad hay más personas con exceso de peso que desnutridas. En la actualidad, cerca de 2.100 millones de personas en el mundo sufren de sobrepeso, entre los que se incluyen 670 millones que padecen obesidad, lo que supone un 30% de la población mundial.

En España, según datos de Naciones Unidas, un cuarto de los adultos padece problemas de sobrepeso y obesidad. Si se mide solo entre la población económicamente activa, el porcentaje ronda el 50%, según la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (SEEDO).

El impacto de la obesidad en la economía mundial se calcula en torno a los dos billones de dólares, equivalentes al 2,8% del producto interior bruto (PIB) global, según McKinsey. La gravedad del problema está a la altura del tabaquismo, la violencia armada o el terrorismo. Asimismo, sus consecuencias se expanden a muchas áreas de la economía, desde los costes sanitarios, públicos o privados, pasando por la caída de la productividad, el aumento del absentismo laboral y hasta un mayor consumo de alimentos y energía.

Este informe augura que el número se elevará a la mitad de los habitantes del planeta en 2030. Indica que “la obesidad está en ascenso en los países desarrollados y, ahora, está también presente en las economías emergentes. Solo un plan de ataque a varios frentes, desde el tamaño de las porciones de los alimentos, pasando por el control sobre la comida rápida, hasta el estímulo del ejercicio físico y la educación alimentaria, entre otras cuestiones, podrá empezar a frenar la crisis”.

Según otro estudio, publicado éste por la consultora Gallup, en EE.UU. el coste anual de la obesidad en función de la productividad para las empresas asciende a 153.000 millones de dólares. En Europa, la cifra ronda los 160.000 millones, según Bank of America-Merrill Lynch.Una investigación realizada hace cuatro años por los expertos de la Clínica Mayo calculó que si el tabaquismo aumenta los costes de la atención sanitaria un 20% cada año, la obesidad eleva ese porcentaje al 50%.

Los diferentes estudios han calculado que el absentismo laboral derivado de la obesidad elevan los costes de las empresas en 6.000 millones de dólares anuales, mientras que la menor productividad de estos mismos empleados incrementa esa pérdida en otros 30.000 millones. El problema no solo afecta a la empresa, también al trabajador, puesto que las personas obesas tienen menos probabilidad de ser contratadas e incluso cobran menos, sobre todo en el caso de las mujeres.

La obesidad tiene, además, otras implicaciones. La aerolínea australiana Qantas ha calculado que el peso de los pasajeros adultos se ha incrementado en dos kilos desde 2000, lo que supone un coste extra de un millón de dólares al año en combustible. Samoa Air, por ejemplo, es la primera en cobrar a sus pasajeros según su peso. El fabricante aeronáutico Airbus ya ofrece asientos más anchos para su modelo A320 y varias compañías constructoras de autobuses y trenes estudian hacer lo mismo. En el sector del automóvil se ha estimado que los pasajeros obesos aumentan el consumo de gasolina en millones de litros anuales. Por su parte, la Universidad de Buffalo (Nueva York) ha constatado que las personas sin exceso de peso son un 70% más propensas a usar el cinturón de seguridad que los obesos, lo que reduce la gravedad y coste de los accidentes.

La profesora Núria Mas (IESE) señala que “la obesidad es un fenómeno complejo que implica tanto aspectos económicos como sociales. Observamos que las normas sociales y culturales tienen un impacto fundamental sobre la obesidad. Los elementos de la globalización social que más efecto tienen sobre la obesidad son los flujos de información y los contactos personales. Hay evidencias que indican que el grupo de personas con quien comemos o con quien nos relacionamos tiene un impacto sobre cómo y cuánto ingerimos. De hecho, ya se habla de un “entorno obesogénico” que propicia la obesidad si se siguen sus normas sociales: por ejemplo, el tiempo que se tarda en comer, el tamaño de las porciones, etc.”.

Fuente: munideporte.com